Eli-u junto a su padre

Del Príncipe a Eli-u

Eli-u junto  a su padre
Eli-u junto a su padre Gustavo Pena El Príncipe

Cuando el Príncipe aún estaba corpóreamente entre nosotros, porque espiritualmente nunca dejó de estarlo, lo vi un par de veces, ya en la última época, tocar en vivo.

En aquel momento yo comencé a ir a verlo sin conocerlo, porque admiraba a los músicos que tocaban con él. Era poco lo que traspasaba entonces el sonido regular y el pobre estado de salud del Príncipe de toda la belleza y sobre todo la alegría que trasmiten las grabaciones de sus discos y el glorioso recital de la Sala Zitarrosa, del cual también existe un ríquisimo registro de imágenes.

La honestidad me obliga a agregar que tal vez también en aquella época yo no estaba preparada para las canciones del Príncipe, y, de alguna manera, no lo entendí del todo.

Más tarde, cuando su baterista y compañero Martín Muguerza me relató las circunstancias de sus últimos días, me dio mucha bronca que los uruguayos no hubiéramos sabido cuidar a uno de nuestros más grandes músicos y poetas. Pensé en lo que también me había contado una amiga sobre la muerte de Mateo, sus visitas al hospital de Clínicas, una historia por desgracia demasiado familiar para nosotros.

En ese momento, Martín me contó que el Príncipe escribía “como Mozart” cientos de canciones directamente como partituras, escuchándolas solamente en su cabeza, en su última época. Me entristeció demasiado no haber podido hacer nada para poder apoyarlo antes de que llegara ese deselace en la más absoluta de las miserias.

En los años subsiguientes, escuché algunas canciones y vi algunos videos que me dejaron con la boca abierta. No recordaban demasiado a lo que yo había visto en el escenario, ese otro Príncipe y esas canciones estaban llenos de luz.

Mi instinto y casi el deber me decían que tenía que ayudar a hacer conocer más todo aquello, pero me paralizaba la idea de caer como un buitre a devorar lo que había quedado de aquella alma luminosa. Pero las cosas habían sucedido así, yo había entendido al Príncipe después de su muerte, y no podía cambiar el pasado, mal que me pesara.

No me faltaron ideas de hacer un documental sobre todo eso, de intentar rescatar esas canciones escritas y no grabadas, pero los viajes y ese freno de sentir que ya era tarde para interesarse por el Príncipe, y que él hubiera merecido que nos interesásemos mucho antes, impidieron que llevara nada de eso a cabo.

En diciembre de 2008, en la víspera de un viaje de trabajo, con la espalda bastante maltrecha, hice un gran esfuerzo por asistir a un homenaje que se hacía en Espacio Guambia por la fecha del cumpleaños del Príncipe.

Esa noche vi por primera vez a Eli-u. La impresión que esto me causó tuvo varios motivos. Por una parte, no conocía muchas de las canciones hermosas de su padre que cantó esa noche, ni tenía idea de que lo que realmente proponía el Príncipe era totalmente un CANTO A LA VIDA, muy alejado de la imagen del artista torturado que es tan cliché en el imaginario nacional.

Después, me di cuenta de que Eli-u sin duda, por su carisma, por su forma de cantar e interpretar, estaba llamada a llevar las canciones de su padre mucho más lejos de lo que el jamás lo había hecho.

Lo que más me gustó de Eli-u esa noche fue la total ausencia de impostaciones de su voz fresca, natural y perfectamente afinada. Evidentemente, esta niña había heredado bastante de su padre, y eso se notaba. Pero también me impresionó lo que Eli-u y las canciones generaban en el público que terminó bailando feliz alrededor de Martín Morón y su trombón mágico.

Ya ha pasado tiempo, y mi idea sobre Eli-u no ha cambiado, sino que mi admiración ha crecido, pero también hay cosas que me dejan muy intranquila, por ejemplo, el hecho de que ella esté prácticamente sola contra el mundo tanto para desarrollar su carrera como para salvaguardar el acerbo musical de su padre que incluye cientos de canciones escritas, grabadas por completo o grabadas a medias.

La verdad es que sólo pensaba escribir algo que diera un marco a estos videos que grabé hace un par de semanas cuando Eli-u tocó en Espacio Guambia, pero creo que es importante llamar a la conciencia cultural de nuestro país a proteger ese legado que nadie como Eli-u ha cuidado y guardado durante los últimos años. Va siendo hora que ya no esté sola en ese trabajo, que los sellos que tienen derechos sobre músicas de su padre las cedan para que el público pueda tener acceso al registro del show en la Zitarrosa y a tantas grabaciones inspiradas y tan necesarias para el alma de nuestro país en esta época loca en que vivimos, en la que nos vendría muy bien el darnos cuenta, como decía el Príncipe que todo lo que necesitamos es sol y amor.

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